Hon. Carlos G. Salgado Schwarz, Juez del Tribunal de Apelaciones de Puerto Rico y Presidente de la Federación de la Magistratura de Puerto Rico
Las expresiones vertidas no representan la postura institucional del Poder Judicial conforme dispone el Canon 24 de Ética Judicial y son compartidas en estricto apego y a la facultad conferida por el Canon 25 de Ética Judicial al Presidente de la Federación de la Magistratura de Puerto Rico.
“Si ellos continúan repitiendo sus mentiras, nosotros también debemos continuar repitiendo la verdad.” La frase es de Ludwig von Mises, el economista austriaco, y nació pensando en el debate económico de su tiempo, no en tribunales ni en jueces. Pero describe una dinámica de comunicación pública que cualquier institución que dependa de la confianza ciudadana reconoce de inmediato, y la judicatura es, entre todas las instituciones, una de las que más depende de esa confianza para funcionar.
El problema que von Mises describe tiene una asimetría incómoda. La simplificación falsa sobre el sistema de justicia —la judicatura es lenta a propósito, los jueces deciden por conveniencia política, hay impunidad porque el sistema lo permite— cabe cómodamente en un titular, en una publicación de segundos, en una frase que se repite sin necesitar contexto. La verdad institucional casi nunca cabe en ese mismo espacio. Explicar por qué un caso toma el tiempo que toma, por qué una sentencia sigue una doctrina y no un impulso, por qué la carga de trabajo real de un tribunal no se resume en el número de casos pendientes, exige párrafos, no titulares. Esa asimetría no es un accidente de la comunicación moderna: es, sencillamente, más fácil repetir una mentira simple que repetir una verdad complicada.
Frente a esa asimetría, el silencio institucional se siente, a veces, como la opción prudente. No lo es. El Canon 24 de Ética Judicial limita con razón cómo un juez o una jueza puede expresarse —sobre casos pendientes, sobre controversias activas, hablando como si representara al Poder Judicial entero— pero esa limitación no equivale a un mandato de silencio total frente a la desinformación sistemática sobre cómo funciona la justicia. Callar ante la repetición constante de una narrativa falsa no es neutralidad: es ceder el terreno por default a quien sí está dispuesto a repetir, sin que nadie lo contradiga, la versión simplificada.
Aquí conviene ser preciso sobre qué significa “repetir la verdad”, porque la frase de von Mises se presta a una lectura equivocada. No se trata de responder cada crítica con indignación, ni de convertir cada señalamiento en una disputa personal. Se trata de una disciplina mucho más paciente: explicar, con datos y con calma, las veces que haga falta, lo que efectivamente ocurre dentro del sistema de justicia. Esta misma serie de columnas ha sido, en ese sentido exacto, un ejercicio de repetición de la verdad institucional frente a la simplificación: explicar cómo se mide razonablemente la carga de trabajo de un juez o una jueza, en lugar de dejar que se mida solo por el titular de un expediente atrasado; explicar qué reglas rigen ya el uso de inteligencia artificial en la abogacía y cuáles faltan todavía en la judicatura, en lugar de dejar que la conversación la defina el miedo genérico a la tecnología; explicar por qué una disidencia razonada no es indisciplina sino el método mismo por el que avanza la jurisprudencia. Ninguna de esas columnas cambió, por sí sola, una narrativa instalada. Esa nunca fue la expectativa razonable. La expectativa razonable es la que describe von Mises: que la verdad, repetida con la misma constancia que la mentira que la desafía, termine por sostenerse donde antes no tenía espacio.
La verdad institucional no se gana una sola vez, con una columna particularmente convincente o una entrevista bien lograda. Se sostiene con la misma disciplina, tan poco espectacular como necesaria, con que se repite la simplificación que la ataca. Esa es, al final, la tarea que le corresponde a quien decide no quedarse callado: no ganar el argumento de una vez, sino no dejar de plantearlo.


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