Hon. Carlos G. Salgado Schwarz — Juez de Apelaciones y Presidente, Federación de la Magistratura de Puerto Rico
Esta columna refleja la posición institucional de la Federación de la Magistratura de Puerto Rico (FMPR) y no constituye la postura oficial de la Rama Judicial de Puerto Rico ni del Tribunal General de Justicia. Se publica en magistradospr.com en cumplimiento con el Canon 24 de Ética Judicial sobre expresiones sujetas a la salvaguarda del decoro y la independencia judicial.
Esta semana, del 16 al 22 de agosto, Puerto Rico celebra la Semana del Servidor Público. Es una fecha que, con razón, se asocia primero con maestros, enfermeras, policías, empleados de agencias reguladoras: el rostro más visible del servicio público cotidiano. Pocas veces se piensa en jueces y juezas como parte de esa misma categoría. Y sin embargo, lo somos, en el sentido más literal de la palabra: servidores públicos que ejercemos una función pagada con fondos del pueblo, sujeta a evaluación, y orientada —o así debería estarlo siempre— al servicio de quienes acuden a nosotros buscando justicia.
I. Un reconocimiento que llega en el momento oportuno
Apenas esta semana, el Poder Judicial de Puerto Rico entregó los Premios de Excelencia en el Servicio del Poder Judicial 2026, una distinción que existe desde 2005 y que este año reconoció a dieciséis integrantes del personal judicial y administrativo por su trayectoria, sus ejecutorias sobresalientes y su aportación al cumplimiento de la misión institucional. Vale la pena detenerse en ese dato: el premio no se limita a jueces y juezas. Reconoce, con la misma seriedad, al personal de sala, administrativo y de apoyo sin el cual ninguna sala de justicia podría funcionar un solo día.
II. La judicatura como parte de un ecosistema de servicio, no por encima de él
Aquí hay una lección que esta serie sobre el juez como ciudadano no puede dejar pasar: la togada o el togado no es el único servidor público dentro de un tribunal, ni siquiera el más numeroso. Detrás de cada vista, de cada resolución, de cada expediente que avanza, hay secretarias, alguaciles, personal de récord, oficiales jurídicos, y administradores que sostienen la operación diaria del sistema con la misma vocación de servicio que se le exige al juez. Reconocer esto no resta autoridad a la función judicial; la sitúa correctamente como parte de un esfuerzo colectivo, no como una jerarquía aislada de todo lo demás.
III. Lo que significa ser juez “servidor” y no solo juez “juzgador”
Existe una diferencia sutil pero importante entre pensar en el juez únicamente como quien decide, y pensar en el juez como quien sirve. La primera imagen enfatiza la autoridad: el poder de resolver, de sentenciar, de determinar derechos. La segunda enfatiza la función: estar disponible, ser accesible, tratar a cada parte —representada o no por abogado, con recursos o sin ellos— con la misma atención y respeto que merece cualquier ciudadano que acude al Estado en busca de una respuesta. Ambas imágenes son ciertas, pero la Semana del Servidor Público es una oportunidad institucional para recordar que la segunda no debería subordinarse a la primera.
IV. El servicio como vocación, no solo como cargo
Durante la entrega de los premios de este año, se destacó la importancia del capital humano para garantizar servicios judiciales accesibles, sensibles y eficientes. Esas tres palabras —accesibles, sensibles, eficientes— describen, en el fondo, lo que distingue a un servidor público genuino de alguien que simplemente ocupa un cargo. La accesibilidad exige que el sistema esté disponible para quien lo necesita, sin importar su nivel de recursos o conocimiento legal. La sensibilidad exige reconocer que cada persona que llega a un tribunal probablemente atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida. La eficiencia exige que ese servicio, además, llegue a tiempo.
V. Una invitación para la propia judicatura
Esta semana es, ante todo, una invitación a que cada juez y jueza se pregunte, con honestidad, si su ejercicio diario refleja esas tres cualidades, o si la investidura de autoridad ha ido, con el tiempo, desplazando silenciosamente la vocación de servicio que en algún momento motivó la carrera judicial. No es una pregunta retórica ni un ejercicio de autocrítica vacía: es, quizás, la pregunta más importante que esta serie sobre el juez como ciudadano puede plantear, porque conecta directamente con su premisa fundacional. Si el juez no deja de ser ciudadano al vestir la toga, tampoco debería dejar de ser, ante todo, un servidor del pueblo al que debe rendirle cuentas.
La Federación de la Magistratura de Puerto Rico extiende su reconocimiento, en esta semana dedicada a ellos, a todo el personal judicial y administrativo que sostiene, todos los días, la operación del sistema de justicia puertorriqueño.


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