Filosofía del Derecho para Jueces XII

Wittgenstein y la pregunta de qué significa seguir una regla


Hon. Carlos G. Salgado Schwarz
Presidente, Federación de la Magistratura de Puerto Rico; Juez del Tribunal de Apelaciones de Puerto Rico

Las expresiones contenidas en esta columna no representan la postura institucional del Poder Judicial conforme dispone el Canon 24 de Ética Judicial, y son compartidas en estricto apego a la facultad conferida por el Canon 25 de Ética Judicial.


I. Un problema que parece de lenguaje

Casi todo nuestro trabajo consiste en decir qué exige una norma en un caso concreto. Damos por hecho que la norma tiene un significado y que nuestra tarea es descubrirlo. Ludwig Wittgenstein, en sus Investigaciones filosóficas, hizo una pregunta que incomoda a cualquiera que escriba sentencias: ¿qué es exactamente lo que hace que una persona haya seguido bien una regla y otra no?

II. La paradoja

La dificultad que Wittgenstein plantea es esta. Toda regla, por clara que parezca, puede aplicarse de más de una manera sin contradecirse con sus propias palabras. Si a alguien se le enseña a sumar de dos en dos hasta mil, nada en las instrucciones le impide, llegado a mil, seguir de una manera distinta que también pueda presentarse como coherente con lo aprendido. Si el significado de la regla estuviera por completo en sus palabras, cualquier conducta podría justificarse como un modo de cumplirla.

Quien trabaja con textos legales reconoce enseguida el problema. Cuántas veces el texto de una disposición ha servido para sostener dos resultados opuestos, y ambas partes han jurado que el texto estaba de su lado.

III. La salida: una práctica compartida

La respuesta de Wittgenstein es que seguir una regla no es un acto privado de interpretación. Es una práctica. Sabemos que alguien sigue la regla porque actúa como actuamos los demás en circunstancias parecidas, dentro de un modo de vida común. El significado no está solo en las palabras ni solo en la cabeza de quien las lee. Está en el uso compartido que una comunidad hace de ellas.

Esto explica algo que la experiencia judicial confirma. La mayoría de los casos son fáciles, y no porque el texto se interprete solo, sino porque quienes trabajamos en el sistema coincidimos en cómo se entiende y se aplica. Wittgenstein añade una observación que desconcierta a primera vista. Cuando sigo una regla no escojo entre interpretaciones, simplemente actúo como se hace. La interpretación aparece cuando esa práctica compartida se rompe o se vuelve dudosa.

IV. Lo que esto dice del derecho

Hart ya había señalado que la regla de reconocimiento de un sistema jurídico descansa en la práctica de los funcionarios que la aplican. Wittgenstein da una base más honda a esa intuición. El derecho tiene significado porque hay una comunidad de intérpretes, jueces, abogados y ciudadanos, que comparte maneras de leer y de aplicar.

De ahí se desprenden dos consecuencias. La primera es que los casos difíciles surgen precisamente donde esa práctica común se agota o se divide. No es un fallo del texto ni del juez. Es el punto donde la regla deja de decidir sola. La segunda es que apartarse de la práctica establecida es una decisión seria, que exige explicación, porque lo que está en juego es el significado mismo de la norma.

V. El precedente como práctica

Leída así, la fuerza del precedente tiene un fundamento más profundo que la mera conveniencia. Un tribunal que aplica de forma consistente una disposición está construyendo, caso a caso, el significado de esa disposición. Si cada juez leyera la norma a su manera, no habría regla que seguir, porque no habría práctica común que le diera contenido.

Esto no significa que el significado quede congelado. Las prácticas cambian y los tribunales participan en ese cambio. Pero conviene hacerlo con conciencia de lo que se toca, y explicándolo, porque quien modifica el uso de una regla modifica la regla.

VI. Entre colegas

Wittgenstein nos devuelve a una verdad sencilla. Lo que hace obligatoria una norma no es solo lo que dice, sino el hecho de que una comunidad entera la entiende y la practica de cierta manera. Nosotros somos parte de esa comunidad y, a la vez, sus guardianes. Cada sentencia que escribimos es un pequeño acto de continuidad o de cambio en el modo en que el derecho se entiende.

En la próxima entrega pasamos a otra pregunta que el estrado nos obliga a contestar a diario: qué significa que alguien haya sabido lo que hacía. La mente del acusado, y lo que la filosofía tiene que decir sobre cómo se la conoce, será el tema de la entrega XIII.



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